¿Puede una IA ser inventora? El máximo tribunal de Japón dice que no y se suma al resto del mundo
El Tribunal Supremo de Japón resolvió una cuestión disputada en todo el mundo: solo los seres humanos pueden figurar como inventores en una patente. Parece sencillo, pero deja totalmente abierta una pregunta mucho más complicada para cualquiera que utilice IA en su trabajo.
¿Puede una máquina ser inventora? Parece una pregunta de una clase de filosofía, pero se ha disputado en tribunales reales de todo el mundo, y el Tribunal Supremo de Japón acaba de dar su respuesta definitiva: no. Solo un ser humano, una «persona física», en lenguaje jurídico, puede figurar como inventor en una patente.
El caso que dio lugar a la decisión es peculiar. Stephen Thaler, un ingeniero estadounidense, presentó solicitudes de patente en varios países y señaló a su sistema de IA, DABUS, como único inventor del diseño de un recipiente para alimentos. Su intención era poner a prueba deliberadamente si la ley aceptaría a un creador no humano. El tribunal japonés de patentes rechazó la solicitud a comienzos de 2025 y, el 4 de marzo de 2026, el Tribunal Supremo se negó siquiera a admitir el recurso, con lo que el rechazo pasó a ser definitivo. Lo que simplifica el asunto es que todas las grandes jurisdicciones que examinaron el mismo caso llegaron a idéntica conclusión: el Reino Unido, Estados Unidos y la Oficina Europea de Patentes dijeron lo mismo. El razonamiento es práctico, no contrario a la tecnología: el derecho de patentes se sustenta en derechos y obligaciones, poseer la patente, recibir una remuneración, demandar para defenderla, que solo tienen sentido para una persona jurídica. Un sistema informático no puede firmar un contrato ni comparecer ante un tribunal.
Pero esta es la pregunta que la sentencia no responde y la que realmente afecta a las personas: ¿qué ocurre con las invenciones en las que un ser humano utilizó la IA como herramienta? Casi nadie inventa con una IA como «única inventora»; el caso realista es el de un ingeniero o investigador que se apoyó en gran medida en la IA para llegar a un resultado. Eso está completamente permitido, siempre que una persona real haya realizado genuinamente la labor inventiva. La zona gris aparece cuando la IA asume una parte tan grande del trabajo creativo que el papel del ser humano resulta difícil de defender. Ninguna legislación ha definido todavía dónde se encuentra exactamente esa línea y, a medida que la IA acelera el descubrimiento de fármacos, la ciencia de materiales y el diseño, cada vez más personas se toparán con ella.
Qué significa esto para ti: Si tú o tu empresa utilizáis IA para acelerar la investigación y el desarrollo, esta sentencia no supone una amenaza: las patentes que obtengáis están protegidas, siempre que una persona real haya realizado la parte inventiva sustancial. La costumbre práctica que premia es mantener una buena documentación. Anota las decisiones humanas y las elecciones creativas tomadas durante el proceso, para que, si alguna vez alguien pregunta «¿esto lo inventó realmente una persona?», tengas una respuesta clara. Y en cualquier caso en el que la IA haya desempeñado un papel generativo importante, conviene hablar con un profesional de patentes antes de presentar la solicitud.
Fuentes
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