Los robots se están quedando sin datos de entrenamiento, así que una startup registra ondas cerebrales
En un almacén de San Leandro, Encord paga a personas por jugar al Jenga con cascos que siguen sus ojos y actividad cerebral. La apuesta: el cuello de botella de la IA robótica no es el diseño del modelo, sino datos que deben fabricarse en vez de extraerse.
Según TechCrunch, la frontera de la IA robótica parece ahora un hombre jugando al Jenga en un almacén. Andrew Ceja trabaja como piloto en Encord, empresa que crea herramientas de datos para entrenamiento, y extrae bloques de una torre tambaleante mientras lleva un casco. Una cámara sigue lo que ve, ya habitual al recopilar datos para robots. Lo inusual es el segundo grupo de sensores, que mide sus ondas cerebrales.
El casco procede de la startup alemana Zander Labs. Su apuesta es que leer actividad cerebral para inferir estados mentales, en concreto error, intención y sorpresa, produce datos más ricos que el vídeo solo. El neurocientífico Lucas Gehrke dice que la actividad dedicada a cada momento indica dónde un robot necesitará su modelo más exigente y dónde bastará uno barato. Encord admite que es una prueba: crear datos etiquetados con ondas, pasarlos por modelos de clientes, comprobar la mejora y decidir si ampliar. En otra zona, pilotos usan dos brazos acoplados, uno controlado por una persona y otro que lo refleja, para generar datos sobre servir café y apilar fichas. Las estanterías guardan verduras de plástico, bandejas de arena para gatos y cables, el desorden cotidiano que deberá manejar un robot doméstico.
Esto existe por un muro que frena continuamente la robótica. Los modelos lingüísticos se construyeron extrayendo gratis textos de internet. No hay una pila equivalente de datos físicos. Vineeth Velmurugan de Encord calcula que haría falta un conjunto unas cinco veces mayor que todo el catálogo de YouTube para lograr un avance, y que el vídeo carece de la fidelidad de la captura real. Los datos deben fabricarse. La anotación densa, etiquetar cada clip con «la mano derecha aprieta el tornillo»vale unas cien veces más que vídeo bruto en primera persona para una tarea, pero cuesta veinte veces más. Sobre el papel es un buen intercambio. En la práctica, veinte veces más es dinero real y esa diferencia económica limita honestamente la comparación entre robots y chatbots.
Qué significa esto para ti: Para la mayoría, hoy nada, y está bien. Explica por qué los robots domésticos capaces siempre están a unos años mientras los chatbots mejoraron tan deprisa. No son el mismo problema: uno tuvo datos gratuitos y el otro paga cada hora. Si sigues el sector, observa menos la próxima demostración humanoide y más si empresas como Encord reducen el coste de los datos físicos. Si te interesan los nuevos empleos, Ceja y su compañera Sofia Infante proceden de Scale, otra firma de anotación. Enseñar a robots realizando acciones cuidadosamente mientras se llevan sensores es ya una profesión.
Fuentes
Fuentes: https://techcrunch.com/2026/07/26/are-brain-waves-the-next-unlock-for-physical-ai/
METR propone otra forma de preguntar si un agente de IA es realmente más barato que una persona
El laboratorio propone el horizonte de gasto: el presupuesto a partir del cual una persona resulta más rentable que un agente en la misma optimización. En una primera prueba, el cruce estaba entre cero y 3.000 dólares.